Es la hora de jugar ♪

11 de noviembre de 2008

¿Alguna vez viste llover en un día soleado?

¿Confías en todo lo que ves? ¿Podemos confiar en todo lo que escuchamos? ¿En qué decidimos creer? ¿Es verdadero lo que se ve? ¿Es falso lo que no se ve? ¿O es al revés? A veces para poder ver algo hay que creer. Hay que creer en lo que sentís. Algunos se dejan llevan por las apariencias, y las apariencias engañan. Porque es mucho más fácil dejarse llevar por las apariencias y vivir en una mentira. Mírense a ustedes, todos iguales, hablan iguales, se visten iguales, las mismas apariencias. No todo es lo que parece, ni todo lo que brilla es oro. Mucho brillo hay, y muy poco oro. Algunos se terminan creyendo las apariencias, y asi viven, “aparentemente viven”, pero vivir de verdad es otra cosa, amar de verdad es otra cosa. Y hay que saber mirar muy bien para ver a las personas, para ver su esencia no su apariencia. A veces el que parece un santo es un demonio, y el que parece un demonio es un santo. A veces lo que brilla de verdad, es una baratija, y el oro, el oro de verdad no brilla. Las apariencias nos logran engañar. Lo esencial es invisible a los ojos, pero igual se ve. Hay que abrir los ojos, para ver que la verdad es más obvia que la apariencia. Pero si alguna vez viste la lluvia en un día soleado, no te podes dejar engañar por un chorro de una manguera, eso es un papelón


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